Qué antiguo eso de: “cada uno
tiene su verdad” y qué actual. Hoy tenemos
noticias adaptadas a nuestra manera de pensar. Los algoritmos siempre atentos a
nuestras preferencias y las fake news (noticias falsas) se encargan de que la
información que nos llegue sea la que nos encaja como un guante. De hecho, si
sólo nos movemos en nuestro círculo de amistades no podremos darnos cuenta,
pero nuestras noticias no son las mismas que las de otros grupos de opinión.
No puedo evitar acordarme de
Groucho Marx y su frase: “estos son mis
principios. Si no le gustan…tengo otros”. Pues igual ocurre con la
información. Habrá quien todavía no haya reparado y le parezca una barbaridad.
Pero crear una noticia está al alcance de cualquiera que sepa manejar el photoshop.
Luego la difundes por las redes y ya está.
Qué indefensión y a la vez qué
ilusión que sólo me digan lo que quiero escuchar. Corroborar lo que mi cuñado
no ha querido reconocer jamás: que llevo la razón. Ahora acudo al encuentro del
fin de semana con mi Facebook cargado con artillería pesada y me lo paso
“bomba”. Mi padre mira a uno y a otra como si estuviera en un partido de tenis,
intentando agarrarse a la autenticidad. Asustado de esa realidad de mil
cabezas.
El corte y confección de nuestras
noticias funciona por las ganas que ponemos en que sean reales. Ahora todos
somos como Carmina en “Carmina y amén”:
“Yo no digo mentiras. Yo, cuando digo una
cosa, se hace verdad”. Claro que
cuando oímos esta frase en la película nos reímos creyéndola una excentricidad.
¿Quién está dispuesto a reconocer que hace lo mismo cada vez que relata “sus
noticias”? Darles pábulo, extenderlas, formar parte del entramado que hace que
funcionen tan bien los bulos.
“Si vas a Calatayud, pregunta por
la Dolores…” ¿Dónde queda el desmentido que la pobre Dolores no hacía favores a
nadie? Pues en otra copla que nunca tuvo tanto éxito como la primera. Desmentidos
de las noticias hay muchos pero no interesan a nadie. ¿Quién difunde los
desmentidos a ver?
Y mientras todos tan calentitos
en nuestras burbujas de opinión, reafirmándonos frente a los otros que también
disfrutan con los suyos de sus burbujitas. Bucólico paisaje de universos
paralelos que cada vez que se juntan terminan en apocalipsis.
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