Hay un libro de un autor alemán,
Stefan Bollmann, titulado: “Las mujeres que escriben también
son peligrosas”. El prólogo de este libro está realizado por Esther Busquets. En él
explica por qué es en la literatura y no en otros campos, donde hay una
incorporación más
numerosa de mujeres a partir del XIX. La respuesta es bien sencilla, por su
accesibilidad, “no se necesita un título académico, ni otro dinero que el necesario
para adquirir papel y tinta, y ni siquiera un lugar de trabajo o un tiempo a
salvo de las interrupciones”. Así que con pseudónimo o sin él,
tenemos bastantes mujeres escritoras a partir de ese siglo. A pocas les han
dado el premio nobel en literatura, a pocas las han admitido en la Real
Academia de la Lengua, pero lo más preocupante son las pocas que aparecen
en los libros de texto. En los libros de literatura de cuarto de secundaria, se
abarca precisamente este período,
empiezan con el XIX. Si tienen curiosidad vayan a buscar los libros de
sus hijos y cuenten cuántas mujeres estudian, en medio de tantos escritores hombres,
en algunos casos sólo una o dos. Lo peor es que en una escuela que se considera
mixta, iguales alumnos y alumnas, nadie repare en esta enorme desigualdad.
La literatura que todos
aprendemos, voluntariamente a la fuerza, la del período escolar, nos sigue
mostrando un universo fundamentalmente masculino. Quien quiera leer autoras
femeninas deberá hacerlo por su cuenta y esfuerzo, porque le entrarán
en pocos exámenes. Si añadimos los resultados de las encuestas,
diciendo: “a un treinta por ciento de la población no le gusta leer”,
las posibilidades de desconocimiento de las autoras femeninas aumenta.
Hablar de autoras femeninas no es
hablar de literatura femenina, el romanticismo, el realismo, la generación
del 27, tienen escritores y escritoras que escriben literatura sin más,
no los diferencia el hecho de ser mujeres u hombres. Donde se hace la
discriminación es a la hora de darles oportunidades de ser conocidos.
En la actualidad a las mujeres
que escriben también las encuentran peligrosas en países como Afganistán,
Pakistán,
Congo, India, Somalia y en una larga y lamentable lista. En ellos, ser
escritora es jugarse la vida, aún así no hay quien las pare. También
se considera subversivo el que las mujeres lean, se les prohíbe
ir a la escuela. Malala Youzafzai, sigue acudiendo después de sufrir un
atentado en el autobús escolar. Le dispararon en la cabeza y el cuello, logró
sobrevivir. Persiste en la lucha por la educación femenina, el nobel de la Paz que le
dieron en 2014, no puede protegerla de nuevos ataques, porque sigue amenazada.

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