El 20 de marzo de 1869 empezó a publicarse por
entregas, “20.000 leguas de viaje submarino” de Verne. Esta conocida obra de
ciencia ficción cuenta la historia de un
capitán desengañado del mundo que encuentra en las profundidades un mejor lugar
para vivir que la tierra firme. Los otros protagonistas de la novela, los
investigadores de este artilugio destructor de barcos, son invitados a permanecer
en esta utopía de Nemo. Sin embargo, les faltó convencimiento para quedarse y
se fugaron. Nada se dice de la tripulación, de por qué comparten aventura y
hacen funcionar la nave, tampoco parece que nadie lo haya echado de menos.
Pudimos leer en marzo que las tres ciudades con
más paro de España en 2015, se encuentran en nuestra provincia: Sanlúcar de Barrameda (42,3%),
La Línea de la Concepción (40,1%) y Jerez de la Frontera (39,4%). Datos
tremendos que se relativizan porque son noticias de tierra firme, porque cuando
los comentas siempre hay alguien que dice: “no es tan grave la cosa, porque
aquí hay mucha economía sumergida”. Menos mal, estaba yo hasta por preocuparme.
Economía sumergida tan
cuantificable como las tasas de paro y eso que se trata de la economía oculta,
pero nada escapa a nuestros técnicos del Ministerio de Hacienda, ahí tenemos en
prensa los porcentajes y los millones de euros que escapan al fisco. Un
artefacto de tan grandes dimensiones, moviéndose en el caldo de cultivo idóneo:
un país con gran corrupción política. Competencia desleal en un país donde el
concepto de concurso para obra pública todavía no se acaba de captar.
¡Cuánto capitán Nemo,
moviéndose al margen, en tantas leguas de país! Los tripulantes de sus
submarinos no comparten sus utopías donde no existen los salarios mínimos, las
cotizaciones a la seguridad social, las declaraciones de la renta, la seguridad
laboral. Para ellos se trata de comer hoy y a lo mejor mañana y en ese
intervalo no hay lugar para pensar en pensiones de jubilación o en lo que
ocurrirá si te accidentas o te enfermas. Hoy para documentar condiciones de
explotación tercermundistas no hay que trasladarse al extranjero.
Todos estos fondos laborales no
son paliativos a unas cifras de paro escalofriantes, llenan muchos platos de
comida pero ahondan la pobreza. Encauzan hacia una desesperación pasiva y
extenuante. Ahora, que si lo que se les ocurre a la clase política, para hacer
emerger a estos trabajadores, es hacer nuevas reformas laborales, no habrá
diferencia entre cómo están ahora y como quedarán después, miedo me da que se
pongan a ello.

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