Hay trenes que una
vez han salido ya no pueden parar, son esos trenes pesados de mercancías cuyos
vagones llevan la carga de tres camiones y necesitan kilómetro y medio para
poder frenar. Si la izquierda no supo ponerse de acuerdo en meses, pues si no
han querido, tiempo han tenido, les han dicho desde sus casas o con papeletas
en mano los votantes. Porque jugar a repetir elecciones es como intentar parar
un tren, ¡Jesús, cuánto descalabro por todas partes! Y qué chiste dejarse
llevar por las encuestas en este país, qué caras se les ha quedado a algunos,
cómo se están riendo otros. Hace unos meses que una servidora lo apuntó desde
aquí, ¡cuidado con repetir elecciones que las vota el diablo! Pues nada, cuatro
años más de Mariano, no lo querían en su casa y lo ha abrazado toda España. Vivir para ver, que
Aznar tenía la misma cara que los de Podemos y qué, quién gana, gana. Ahora que
viéndolo en el balcón, ese balcón de Génova que sigue siendo suyo, comprobamos
que con los nervios de alegría es peor, ya sabemos que lo suyo no es la
oratoria, pero hizo un poquito el ridículo. No creo que le vaya a importar
porque más ridículo han hecho los demás, que aún no se creen lo que ha pasado.
Tampoco creo que se entienda en ninguna parte, el gobierno más enfangado por la
corrupción, con un presidente que habría tenido que dimitir tantas veces,
refrendado por las urnas, los europeos nos mirarán con perplejidad. Nos estarán
devolviendo a los tópicos de “España es diferente” en el siglo XXI, donde ya
son historia hasta las repúblicas bananeras.
Esto es lo que hay
y no podemos rezarle ni a Santa María del Brexit como están haciendo los
ingleses, colapsando la página web de la Cámara de los Comunes enviando más de
2500 firmas por minuto para volver atrás, para que se repita el referéndum. Aun
superando los tres millones de firmas que llevan no será fácil. Se sabe que ni
los partidarios del Brexit querían esto, que era sólo un poder seguir
autorizados a dar caña con el tema cada vez que les viniera bien, pues han
comprobado que no hay nada más inevitable que pasarse de frenada.
Mira que el
Parlamento nos ha quedado mono, con tantos colores, tan arco iris como el día
del orgullo gay con el que ha coincidido en fechas. Si pudiera funcionar sería
ideal porque nos llevaría a conseguir las cosas por el diálogo, algo sin
estrenar en este país, acostumbrado a la confrontación y a los gritos. No podrá
ser, Rajoy se lo saltará a decretazos.

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