Adelaida de la Calle salía a la palestra con otros argumentos. La señora consejera atribuía los malos resultados a los centros elegidos, por ser los de nivel sociocultural más bajo de la muestra española. Como si el sistema aleatorio de elección de centros nos hubiera castigado para dar unos resultados que no se corresponden con la realidad educativa andaluza. Si fuera la primera vez que Andalucía saca estos pésimos resultados quizá podríamos plantearnos malas casualidades, pero no es el caso desgraciadamente, y además la muestra de centros andaluces es amplia, lo que dificulta un resultado sesgado.
El segundo gran argumento de la señora consejera culpaba a la herencia franquista de los malos resultados, a la tasa de analfabetismo que nos dejó Franco. Para ella, los bajos niveles educativos de los jóvenes andaluces devenían de sus antepasados analfabetos. Sólo le faltó señalar al “Lute”, para atribuirle lo que es evidente: la educación andaluza, según este informe, es la peor de España, a un curso y medio de desventaja.
Señora consejera, Franco está bajo tierra desde 1975. Claro que la Consejería de Educación no se ha enterado porque sigue funcionando como cuando vivía el caudillo, a golpe de dedo. Así fue como “colocó” a su hija el inspector jefe de la delegación de Educación de la Junta en Sevilla en 2014. La beneficiada no necesitó superar una oposición, ni siquiera presentarse, ni entrar en ninguna bolsa, ni ser maestra que era el título requerido. Su padre la puso a dedo en el Centro de Educación Permanente del Polígono Sur. En 2015 llega el caso a los oídos de la directora general de Recursos Humanos que intenta impedir que se le renueve el contrato. Lástima, el papá tenía más poder que ella y el contrato fue renovado. Y este culebrón terminó como tantos otros: con una purga de los funcionarios críticos con las contrataciones irregulares, llevada a cabo por los jefes de servicio implicados en el escándalo.
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