Matar hormigas

Un nuevo encuentro con el terror, esta vez en Berlín. Igual que ocurrió en Niza, un camión irrumpió en el mercado navideño berlinés. Este mercado es un centro de ocio para los berlineses en estas fechas, se sabía concurrido, lleno de posibles víctimas.

Actos como estos son difíciles de evitar aún con un estado de alerta máxima, porque un camión, furgoneta o coche no son cotidianamente armas. Lo que no empaña la gran labor de nuestras autoridades en la prevención de acciones terroristas y en la persecución de sus causantes. Además, la policía alemana actuó de forma ejemplar impidiendo el pánico en la evacuación y consiguiendo que los heridos fueran atendidos lo antes posible. La preocupación por ellos de la canciller Merkel como jefa del Estado también es digna de elogio por mucho que los partidos de ultraderecha aprovechen la lamentable ocasión para atribuirle los muertos por su política de acogida de los refugiados. La inhumanidad de los terroristas no debe extenderse a los europeos para impedirles acoger a las víctimas de la catástrofe de la guerra. 

También hay que cuidarse del ojo por ojo. Hollande, después de Niza, respondió con un recrudecimiento de los ataques en Iraq y Siria. Los ataques masivos donde no sólo mueren efectivos militares sino civiles, enfermos en hospitales, niños en colegios, como forma de responder a tus propios muertos, además de ampliar el número de víctimas, plantean la pregunta de si son realmente efectivos para evitar nuevos ataques terroristas. Porque a lo peor puede ocurrir como cuando rocías de veneno a las hormigas que ves, con la pretensión de acabar con el hormiguero entero y lo único que consigues es que broten nuevos nidos en otros lugares de la casa.


Controlar a los terroristas en tu propio territorio es primordial pero siguiendo el diente por diente se puede llegar a extremos tan indeseables como considerar potenciales terroristas a todos los musulmanes. No se puede actuar con las personas como con las plagas, haciendo una lista de las problemáticas, primero las exóticas,  luego las nacionales y diseñar gruesas campañas donde paguen justos por pecadores. En la lucha contra el terrorismo en Europa no podemos dejarnos engañar por los ultraderechistas, su racismo y xenofobia son precursores de males mayores, no olvidemos tan fácilmente a Hitler, Franco, Mussolini y tantos otros de la misma calaña, al final iban a por todos.

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