En la mayoría de los casos de muertes por violencia de género hay un cierto estupor en los vecinos, en la gente que rodea al
agresor y a la víctima. Luego en los días posteriores se repara en las actitudes sumisas de la víctima y en la manera de hablarle del agresor. Saben que gestos y
lenguaje señalaban públicamente la punta de un iceberg y que pasivamente quisieron ignorar
la terrible parte oculta. Sabían que en ese lenguaje y
en esos gestos había violencia.
España con un hogar de cada cinco por debajo del umbral de la pobreza, con
uno de los recibos de la luz más caros de toda Europa,
cargado con un IVA del 21%, es testigo una vez más de cómo un exalto cargo del
gobierno se beneficia de las puertas giratorias. Fernández de Mesa, amigo personal del presidente del gobierno Mariano Rajoy,
se ha convertido, gracias a tan buen padrino, en consejero de la Red Eléctrica Española. Con un sueldo anual
de casi 200.000 euros, en un puesto que se le otorga hasta 2021 y en un ámbito sobre el que no tiene ni formación ni experiencia alguna.
Las empresas eléctricas españolas tienen sobrecarga de
antiguos dirigentes políticos del PP y del PSOE
desde hace mucho tiempo. ¿Pero este último nombramiento, precisamente en la Red Eléctrica, después de un mes de enero de
terribles recibos de la luz y después de
tanto hablar de erradicar las puertas giratorias?
Somos un pueblo
sometido, según nuestro presidente, al
tiempo meteorológico. Un pueblo que debe
rezar para que llueva. Pero aquí los únicos que tienen la lluvia garantizada en sus bolsillos son los de
siempre. Quisimos un arco iris en el parlamento, pero hasta ahora no hemos
podido verlo, claro, como no llueve,
seguimos en la sequía de siempre.
Dos fiascos
electorales y se nos quitaron las ganas de volver a votar, hasta el caudillo se
ríe debajo de su pesada losa. Sus seguidores más contentos que nunca, organizan encuentros y cenas, a las que invitan
a algunos cargos electos democráticamente. Acuden sin
identificación ninguna, sólo es un encuentro de amigos donde se pasa bien.
Hemos dejado de
poner las noticias, mientras nos comemos las lentejas, porque viéndolas no nos pasan más de dos cucharadas y
porque duelen tanto que a veces se nos cae alguna lagrima, cuando nadie nos ve.
Pero perdonamos, seguimos dando oportunidades y salimos a la calle bajo las dos
capas de maquillaje de las cifras del optimismo, esperando que sean lo
suficientemente gruesas, para ocultar nuestro miedo interior.

Comentarios
Publicar un comentario