Las manifestaciones del primero
de mayo no son lo que eran, pero persiste en los medios de comunicación la
necesidad de presentar en sus resúmenes, visiones incendiarias del día del trabajo. Los
cuatro agentes de policía heridos en París por cócteles molotov, el carro de la
compra incendiado y algunos escaparates rotos en Barcelona, todo mezclado y
resaltado desde primera hora de la mañana en televisión, para transmitirnos
imágenes de motín ciudadano.
Teniendo en cuenta las miles de
personas participantes en las manifestaciones no creo que pueda hablarse de
grandes disturbios, aun considerando aborrecible todo acto de violencia independientemente
de su magnitud. Estamos ante la vieja técnica de resaltar el mínimo incidente
que se produzca en una manifestación pacífica. Los viejos trucos siguen
sirviendo amparados por las pantallas gigantes, aun cuando todos sabemos que
una imagen no vale más que mil palabras, ni siquiera que 140, porque hasta los
niños son capaces de manipular fotos en un smartphone.
El mundo laboral español,
devastado más por las reformas laborales que por la crisis, no está muy
movilizado. La tremenda “ley Mordaza” de
Rajoy se abatió contra un pueblo callado, atenazado por el horror del paro y
los desahucios. Este 1 de mayo de 2017,
ante las próximas negociaciones de los convenios colectivos, los sindicatos
pretenden hacer fuerza para que se lleve a cabo un pacto salarial. No sé si el
horno está preparado, la caña se sigue doblando sin romperse: la inflación, los
bajos salarios, los contratos basura, la desigualdad salarial femenina, o las
pensiones no contributivas congeladas no han conseguido que los españoles
salgan masivamente a la calle en esta fecha reivindicativa.
La corrupción no consigue hacer
caer al gobierno, pero ha conseguido hacer caer la credibilidad para liderarnos
de políticos y sindicatos. Muchos y muchas no se sienten llamados a seguirles
cuando encabezan las movilizaciones.
Quién encuentra gracioso al ciego
cuando después de romperle la cara y los dientes con el jarro de vino, le dice
al Lazarillo mientras le curaba: “¿Qué te parece Lázaro? Lo que te enfermó te
sana y da salud”. Después de haberse enriquecido a nuestra costa durante los
peores años de la crisis, pretenden venir ahora a salvarnos.

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