Nos enfadamos en todas las etapas
de nuestra existencia. Cuando un bebé deja de depender de nosotros para sus
desplazamientos y adquiere autonomía se irrita cuando ponemos cortapisas a sus
exploraciones. Un niño o una niña se enfadan si se frustran sus deseos. Los
adolescentes llegan fácilmente a la ira cuando piensan que se está cometiendo
una injusticia contra ellos. Estadísticamente son el grupo de edad que más se
enoja y los que más vehemente repiten la frase: “esto no es justo”. Después de
tanto entrenamiento, efectivamente, llegamos a la edad adulta ampliamente
capacitados para indignarnos que es el escalón superior.
Enfadarse es intrínsecamente
humano y si una ira fuera de control lleva a la violencia, también es verdad
que no enfadarse no es muy bueno para la salud. Nos alteramos cuando vemos que
no se nos respeta, para mostrar que algo nos molesta, para no sentirnos avasallados.
Claro que nuestro cerebro primitivo es quién toma el mando en esos momentos
pero es que es ese quien nos ayudó a sobrevivir como especie. La frecuencia
cardíaca se dispara y los niveles de testosterona también, a la vez que
disminuyen los de cortisol. Pueden preocupar unos niveles altos de
testosterona, pero también deberían alarmarnos unos niveles elevados de
cortisol que es la hormona que producimos cuando estamos hasta arriba de
estrés.
Los sueldos que no permiten la
subsistencia producen estrés y no ira, se prefiere morir hacia dentro gracias a
una bien sembrada política del miedo. No estamos en el peor momento de nuestra
historia, malos tiempos los de antes, durante y después de la guerra civil.
Pero no hay más que mirar alrededor para darse cuenta que vamos dando
gigantescos pasos hacia atrás en el estado del bienestar. Hemos sido testigos
mudos de la ignominia del binomio recortes-corrupción, en el gobierno central
con el PP y en el de la Junta con el PSOE. Mientras la alumna con matrícula de
honor de Concha Caballero no podía pagar el autobús de Coria a Sevilla para ir
a la universidad por los retrasos de las becas, se producían los ERE. ¿Y qué ha
sido de los ERE? Nada, llevamos varios años enterrándolos.
La moción de censura contra el
gobierno de Rajoy enumera durante horas los casos de corrupción que están en
manos de la justicia y nuestros bien pagados políticos se aburren y se
entretienen con los móviles. Por hacer exactamente lo mismo a los chavales en
los colegios se les imponen partes disciplinarios. Los profesores se indignan
por la mala educación. Mientras, algunos políticos no saben ni fingir que
trabajan.

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