Las manzanas, esas
frutas vistosas que hasta los refranes glorifican: “una manzana al día del
médico te libraría”, se han visto envueltas desde la antigüedad en asuntos de dioses,
mujeres y hombres. En la mitología griega la manzana de la discordia es lanzada
por el príncipe Paris en medio de una reunión de diosas, con la inscripción: “para la más bella”.
Inmediatamente todas le ofrecieron
“regalos” a cambio de su voto y como era un muchacho joven, entre ser rico, un
gran guerrero o el amor de la mujer más bella, se decantó por esto último. No
sé si leyó la letra pequeña, la muchacha estaba ya casada. Troya ardió por un
ataque de cuernos.
La manzana con mayor trascendencia para la
humanidad fue la robada del Árbol de la Ciencia, del Bien y del Mal. El
propietario del Edén, se tomó muy mal semejante abuso de confianza, les permitía vivir allí de vacaciones
perpetuas sin dar un palo al agua. Fueron juzgados y castigados a buscarse las
papas y pagarse la seguridad social. A este hurto se le denominó: pecado
original y esta primera falta apareció desde entonces en el expediente de todos
sus descendientes para que no fuera olvidada. Claro que con agravantes para la
parte femenina, por haber sido Eva la instigadora del delito, ella y sus hijas,
además de dar su cuerpo para la gestación, parirían con dolor a los hijos y se
ocuparían de ellos hasta que encontraran trabajo o en caso de crisis más allá,
hasta el mismo infinito.
Después de analizar semejante timo y abuso de fuerza
detecto que la penalización por nacimiento deviene de ser mujer. Da lo mismo lo
que te formes, la lacra original no podrás borrarla. Ese dato en tu expediente
te marca como gestante, paridora y cuidadora de la prole, lo que laboralmente
se traduce en bajas. Las empresas te miran como una abusadora de la confianza
que se deposita en ti y andan ojo avizor para detectar a “las delincuentes” que
ocultan que se hallan ya en este proceso. La compañía aérea Iberia, preocupada
por “cuidar” desde el principio a las madres con los puestos “adecuados”
realiza un inocuo test de embarazo que deja en tierras a las aspirantes a
azafatas. Hecho por el cual ha sido multada por 25.000 euros por la Inspección
de Trabajo de Baleares. Con semejantes sanciones previstas por gobiernos
sensibles, todas las jóvenes de este país se sienten tan seguras como una
compresa.

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